Tu proveedor de IA dice que cumple con la normativa. ¿Lo has comprobado?

Contratar inteligencia artificial no equivale a trasladar todas las responsabilidades al proveedor.

Una confianza a verificar

Una empresa incorpora una aplicación de inteligencia artificial para resumir contratos, analizar información comercial o automatizar procesos internos. El proveedor afirma que la solución es segura, respeta la confidencialidad y cumple con la normativa. La decisión parece sencilla: el producto funciona y las garantías constan en su web. Pero, ¿qué se ha comprobado realmente?

La cuestión no es desconfiar de la tecnología, sino evitar que una promesa comercial sustituya a una verificación . Cuando entran en juego datos de clientes, información estratégica o decisiones sobre personas, las consecuencias de un error no siempre pueden atribuirse íntegramente a un tercero.

Contratar no es delegar todas las obligaciones

El Reglamento europeo de inteligencia artificial distribuye obligaciones en función del papel de cada operador y el tipo de sistema. Además, si existen datos personales, siguen siendo aplicables las responsabilidades que correspondan según el RGPD. Las cláusulas contractuales pueden ordenar compromisos y responsabilidades entre las partes, pero no hacen desaparecer las obligaciones legales de la empresa usuaria.

Tampoco es suficiente dar por buena una declaración genérica de «cumplimiento normativo». Una funcionalidad de IA puede integrar modelos de otras empresas, operar en infraestructuras subcontratadas o cambiar con una actualización. Conocer estas dependencias ayuda a entender qué se está contratando y qué riesgos se asumen.

La due diligence de IA: de la promesa a la evidencia

Antes de contratar, conviene realizar una diligencia debida proporcionada al uso previsto. No significa auditar exhaustivamente cualquier herramienta. Significa verificar los elementos relevantes: para qué se va a utilizar la IA, qué información va a tratar, si ésta se reutiliza para entrenar modelos, qué terceros intervienen, qué medidas de seguridad existen y qué supervisión humana es necesaria.

La diferencia es importante: no es lo mismo utilizar IA para preparar borradores internos que incorporarla a un proceso que afecta a trabajadores o clientes. Cuanto mayor sea el impacto potencial, mayor justificación, controles y documentación debería exigir la decisión empresarial.

Y existe una dimensión a menudo olvidada: la probatoria. Si mañana surge una incidencia, la empresa debería poder acreditar qué comprobaciones efectuó, qué supo del proveedor y por qué consideró aceptable el uso previsto. No basta con haber actuado diligentemente: conviene conservar evidencias .

La diligencia no termina con la firma

Los servicios de IA evolucionan. Un cambio de modelo, una nueva funcionalidad o modificación en los flujos de datos puede alterar los riesgos iniciales. Por ello, las verificaciones deben formar parte de un seguimiento razonable a lo largo de la relación contractual, con especial atención a los cambios relevantes.

Comprar IA con confianza no es aceptar sin más las garantías del proveedor: es entenderlas, contrastarlas y documentar las decisiones . En Tecnolawyer ayudamos a las organizaciones a abordar esta revisión desde las perspectivas jurídica, tecnológica, operativa y probatoria.

¡Cuidad los datos y cuidaos!

La IA en selección de personal, bajo la lupa legal

En la búsqueda de eficiencia y objetividad, muchas empresas están incorporando herramientas de inteligencia artificial (IA) en sus procesos de selección de personal. Desde la criba automatizada de currículums hasta entrevistas por vídeo analizadas por algoritmos, la tecnología ya es parte habitual del área de recursos humanos.


Sin embargo, debemos recordar que este avance debe ir acompañado de un cumplimiento normativo riguroso. El Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, aprobado el año pasado (2024), clasifica los sistemas de IA utilizados para tomar decisiones sobre contratación como sistemas de «alto riesgo» (art. 6.2). Esto implica una serie de obligaciones legales estrictas para empresas que los utilicen.


Entre las principales exigencias, destacan:


  • Evaluaciones de riesgo y conformidad previas al despliegue.
  • Supervisión humana significativa en todo el proceso.
  • Mecanismos de transparencia: el candidato debe ser informado si es evaluado por una IA.
  • Prevención de sesgos y discriminaciones algorítmicas.
  • Registro de decisiones y trazabilidad del sistema.

El incumplimiento puede conllevar multas de hasta 35 millones de euros o el 7% del volumen de negocio global, lo que coloca a la contratación automatizada en el foco de los reguladores (art. 99.3).


Además, cuando la IA trata datos personales de candidatos, también se debe tener en cuenta el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), en especial, el derecho del interesado a no ser objeto de decisiones automatizadas sin intervención humana (art. 22 RGPD).


En este nuevo marco, las empresas deben revisar sus procesos y herramientas de selección para garantizar que no solo son eficaces, sino también éticos, transparentes y legales. La transformación digital de la selección del talento debe ir de la mano de la confianza y el cumplimiento normativo.


Conclusión


Incorporar inteligencia artificial en los procesos de selección puede aportar eficiencia, agilidad y reducción de sesgos humanos, pero no elimina las obligaciones legales. Muy al contrario: al tratarse de sistemas de alto impacto sobre los derechos de las personas, el nuevo marco normativo europeo exige a las organizaciones mayor control, transparencia y diligencia.


Si tu empresa utiliza—o está valorando utilizar—soluciones basadas en IA para cribar, evaluar o tomar decisiones sobre candidatos, es imprescindible que tenga en cuenta las previsiones establecidas en el Reglamento de IA.


Como siempre, cuidad los datos y ¡cuidaos!

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