Por un puñado de dólares …

Este es el título de una famosa película de 1964, en la que el prolífico director de cine Sergio Leone dirigía al inefable Clint Eastwood en un spaghetti western que se convirtió en un clásico del género. No os comentaré la cinta, solo aprovecho el título para haceros la reflexión de que a menudo hay ahorros que se convierten en disgusto.

Recientemente, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) publicó su Memoria AEPD 2020. El primer titular es que, durante el 2020, se presentaron un total de 10.324 reclamaciones. Casi 50 diarias, en día laborable. Y podríamos añadir cerca de un millar si añadimos los casos transfronterizos.

Las reclamaciones más frecuentes tienen que ver con servicios de Internet, inclusión indebida en ficheros de morosos, videovigilancia, recepción de publicidad y reclamación de deudas. Por sectores, los más sancionados son las entidades financieras y acreedoras, Administraciones Públicas y las empresas de telecomunicaciones.

También se han realizado 29 intervenciones con carácter de urgencia por la retirada de contenidos sexuales o violentos, difundidos por Internet, asociadas al Canal prioritario, con un porcentaje de éxito superior al 86%.

Es importante destacar el hecho de que, a pesar de la pandemia, la actividad de la Agencia se ha mantenido, poniendo de manifiesto que la implantación del teletrabajo no ha disminuido la capacidad de trabajo del Organismo.

Os pueden parecer que las reclamaciones son muchas o pocas. A mi parecer, son suficientes para reflexionar sobre si merece la pena o no que, “por un puñado de euros”, nos pongamos en manos de profesionales que nos ayuden a cumplir con la ley.

Porque siempre decimos que el coste de la adecuación de la empresa es un coste cierto pero que el coste de no adecuarse es imprevisible. El primero se puede imputar ordenadamente en la contabilidad de la empresa mientras que el segundo nos puede hacer desestabilizar la cuenta de resultados y, lo que todavía es más importante, afectar negativamente a nuestra reputación. Y esta última cuesta mucho de recuperar.

Adecuar la empresa a la normativa de protección de datos genera confianza entre empleados (son los primeros que sufren la desconfianza), a clientes y proveedores (¿somos una buena empresa pero no cumplimos con la normativa de protección de datos?),  y administraciones (si queremos, por ejemplo, licitar). Hagamos las cosas bien hechas. Cumplamos con la normativa y evitemos sanciones y daño reputacional.

Cuidaos!

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